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viernes, 20 de septiembre de 2019

Caleta La Ramada


Caleta La Ramada


Víctor D. Corcuera Cueva


Hace seis años fui invitado a conocer La Ramada, caleta ubicada al sur de Salaverry, La Libertad. Despues de caminar 4 km llegamos a un tablazo, desde el cual divisamos una bahía muy parecida a la de Huanchaco, pero con playas de arena fina y, a excepción de las rusticas cabañas de pescadores, ningún inmueble moderno.

El lecho de la quebrada Uripe mostraba, en superficie, diferentes cortes y la huella del paso de huaycos; cada estrato contenía información valiosa de su historia natural. La presencia de morrenas nos indicaba que la formación de esta quebrada se remontaría, al menos, a inicios del holoceno. Hacía el Noroeste, el cerro Ochiputur emergía imponente sobre los arenales de la Pampa de Salaverry, sin duda un evidente corredor utilizado por los nómades Paijanenses hace 10 mil años.

La disposición lineal frente al mar de las cabañas de pescadores, sumado a las evidencias arqueológicas, nos indican la construcción de un Paisaje Cultural milenario. Los rituales de pesca se realizan con solemnidad, el mar es un mundo con dioses y demonios al cual le piden permiso y agradecen. Una cruz de madera frente al mar es el testimonio de la pérdida de uno de ellos.

Con la marea baja se observan las estrellas de mar adheridas a las rocas, abundante mococho y cangrejos. Asimismo, las aves marinas, migratorias, residentes y algunos lobos de mar comparten sus playas de arena fina.
En tal contexto, la Ramada no sólo constituye una de las últimas caletas de pescadores artesanales en La Libertad, sino también, en un laboratorio natural para biólogos e ingenieros ambientales. Ahora más que nunca se debe proteger su intangibilidad y promover su investigación interdisciplinaria, difusión educativa y puesta en valor.

Artículo de opinión publicado en el diario La Industria de Trujillo.
Martes, 17 de septiembre de 2019.

Versión en PDF: pulse aquí 

jueves, 1 de agosto de 2019

Territorio Chaski


Territorio Chaski


Víctor D. Corcuera Cueva

Las dos primeras medallas de oro en los Juegos Panamericanos 2019, fueron obtenidas por dos grandes del fondismo nacional: Gladys Tejeda y Christhian Pacheco, ambos imponiendo nuevos récords. Estos logros nos demuestran, una vez más, que nuestro país es un territorio de chaskis, de gente que triunfa -con mérito propio- a pesar de la indiferencia y falta de apoyo por parte del Estado.

El uso social de la red vial Qhapaq Ñan continua a lo largo y ancho de los seis países que lo ostentan. Al caminarlos nos damos cuenta del alto desarrollo de los ingenieros y arquitectos de aquellos tiempos, especialistas que heredaron de los primeros pueblos la sabiduría para que sus obras perduren, formando una unidad con el Paisaje. Sin embargo, el Qhapaq Ñan no surgió de la noche a la mañana, todo lo contrario, fue la cristalización de conocimientos ancestrales, de pueblos más antiguos que los quechuas.

Los pueblos yungas del valle de Moche legaron probablemente, al Tahuantinsuyo, el sistema de mensajeros conocidos como chaskis. Algunos pictogramas, plasmados en las vasijas Moche, delinean personajes corriendo y portando pallares en bolsas de cuero, atravesando desiertos y Lomas ¿acaso siguiendo caminos intervalles?

Los caminos Moche aún se encuentran en la periferia de la provincia de Trujillo. La mayoría se encuentra atravesando quebradas, algunos están sumergidos en los arenales, mientras que otros sobreviven al borde del litoral, esperando ser investigados y utilizados. Las autoridades deberían aprovechar este potencial arqueológico y ponerlo en uso social, devolverle a la juventud su legado de corredores, potenciales campeones en fondismo.
Sólo basta dar una mirada al Paisaje que entorna estos caminos para comprender que siempre fuimos un país de Chaskis.

Artículo de opinión publicado en el diario La Industria de Trujillo
Martes, 30 de julio de 2019

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MORTEM